El primer plato de pasta que uno prueba nunca se olvida. No me refiero a ese que se comparte para matar el hambre cuando se va en familia al centro comercial y que se sirve con palitos de pan a voluntad, sino de ese plato de pasta carbonara con abundante salsa que le transportó desde un mantel a cuadros en una osteria romana hasta un lugar mítico donde los huevos saben celestiales. ’O esos linguine estrictamente al dente con almejas, en un restaurante elegante a orillas de un canal en Venecia–, tan buenos que ni siquiera le importó pagar por ellos un precio desorbitado.
¿Cómo algo tan sencillo puede saber tan divino? ’Es uno de los grandes misterios culinarios insondables. Seguido de cerca por otro de los misterios de la pasta: sus orígenes. Para ser un plato tan profundamente arraigado en el orgullo italiano, la historia de la pasta sigue siendo enigmática.
El relato más conocido sostiene que Marco Polo trajo la pasta a Italia desde China, pero este es, sin duda, un mito, ya que hay indicios que sugieren que sus orígenes podrían remontarse más allá de Italia. Enigmas aparte, nadie duda de que la pasta que hoy conocemos y apreciamos se perfeccionó y popularizó en Italia, ya desde la antigua Roma.
Y es precisamente a la Ciudad Eterna adonde nos dirigimos en nuestra indagación de por qué comerse un plato de pasta típica romana es una experiencia imprescindible para cualquier amante de la gastronomía que se precie.
Ir a:
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Pasta 101
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Trevi: amor al primer bocado
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Para abrir el apetito en el laberíntico ’Trastevere
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Un recorrido gastronómico por Monti
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Testaccio: delicias del mercado de productores locales
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La gastronomía refinada de ’Prati
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Preguntas frecuentes
Pasta 101
Con más de 350 formas de pasta únicas, cada una diseñada para combinar con una salsa e ingrediente específico (además de acompañar otro sentido, como la vista), aquí conocerá a fondo la cocina regional italiana y las variedades de pasta locales, ya sean espagueti (el mejor acompañante de salsas ligeras, elaboradas con aceite), fusilli (excelente para acompañar salsas más espesas, elaboradas con nata) o los adorables orecchiette (perfectos para salsas densas y para distracción de comensales exigentes).
En Roma, en su misión exploradora de platos de pasta, ’ encontrará principalmente rigatoni, tonnarelli y bucatini. Los rigatoni tubulares retienen en sus estrías salsas consistentes como la amatriciana . Los tonnarelli son una versión más gruesa de los espaguetis y combinan a la perfección con una cremosa salsa carbonara, mientras que el hueco en el centro de los bucatini’ absorbe como una esponja la sabrosa salsa de la gricia .
Prepárese, además, para comer mucha carne de cerdo. Los tres platos de pasta locales más populares:– amatriciana, carbonara y gricia– se caracterizan por el sabor intenso y contundente de la carrillada de cerdo curada (guanciale), que les aporta profundidad. Dicho esto, los chefs suelen estar dispuestos a atender a las peticiones de alternativas vegetales o de pasta sin gluten.
Daria Triolo, nuestra directora de Marketing y Comunicaciones de Anantara Palazzo Naiadi Rome, nació y se crió en la Ciudad Eterna. Como romana de nacimiento —que, por motivos de trabajo, pasó más de una década en Milán, en el norte de Italia— sigue afirmando que nada supera a Roma y a su gastronomía, caracterizada por unos ingredientes sencillamente más frescos. Sin embargo, sí que nos advirtió de que no probáramos más de dos platos de pasta al día, ya que la pasta en Roma es muy contundente y de sabor intenso. Tras haber regresado a Roma hace ya algunos años, seguro que puede darnos alguna que otra recomendación de sitios donde ir y lo que pedir. Uno de los primeros sitios por los que empezar probando los platos clásicos es, en opinión de Daria, Giggetto al Portico d'Ottavia, especialmente amatriciana y gricia.
Trevi: amor al primer bocado
Es’ casi un hecho que sus vacaciones en Roma comenzarán en algún lugar cerca de la Fontana de Trevi–, y con razón. Este barrio histórico está repleto de monumentos emblemáticos, iglesias con encanto y su principal atractivo–, el Panteón–, está a solo unos minutos. Durante el abrasador calor del verano, las heladerías le ayudarán a refrescarse, pero en invierno,con unas temperaturas que pueden bajar hasta los 12 °C, le’ apetecerá algo más sustancioso. Le aconsejamos comer en Armando al Pantheon, toda una institución y muy preciado en el barrio de Trevi, que lleva sirviendo cocina tradicional romana desde 1961.
En su acogedor comedor, con paredes revestidas de madera, los clientes habituales y los turistas se codean mientras degustan platos clásicos, como los espaguetis cacio e pepe, con queso pecorino y pimienta negra. Daria recomienda acudir a Il Pastaio di Roma , en la Via dei Coronari, para degustar los mejores tagliolini cacio e pepe, o a la Osteria da Fortunata, en la Piazza della Cancelleria, para probar una magnífica pasta all'amatriciana. Para los más atrevidos, hay pasta elaborada siguiendo la mejor tradición romana’ del «quinto quarto» (es decir, que se aprovecha todo), que destaca los sabrosos y poco convencionales cortes del animal, desde los sesos hasta las manitas. Tras un almuerzo tranquilo en este restaurante, firme candidato a conseguir el título de «mejor pasta de Roma», acérquese a Sant’ Eustachio Caffè para probar su preciado café, elaborado con granos tostados por ellos mismos y preparado con agua de un antiguo acueducto.
Y aprovechando’ que está en la zona, ’no deje de visitar lugares de interés como el Palazzo Bonaparte: la residencia restaurada de la madre de’ Napoleón Bonaparte, que actualmente funciona como centro cultural dedicado al arte y a las exposiciones. Al caer la tarde, diríjase a la Piazza della Repubblica, presidida por la imponente silueta del hotel Anantara Palazzo Naiadi Rome. ’Los chefs de Ineo, el restaurante de alta cocina del hotel, transforman recetas tradicionales romanas en auténticas obras maestras contemporáneas, como los espaguetis cocinados en caldo de conejo y con caviar y algas nori por encima.
Esta filosofía se extiende al propio hotel. Construido sobre unas antiguas termas romanas, sus ruinas, cuidadosamente conservadas, pueden verse a través de un suelo de cristal–: una auténtica fusión de lujo e historia. Si busca otro lugar donde alojarse rodeado de tesoros arqueológicos, le recomendamos el hotel NH Collection Roma Palazzo Cinquecento, situado justo al lado, donde un elegante jardín esconde sus propias ruinas romanas.
Abra el apetito en el laberíntico ’Trastevere
Si quiere degustar un excelente plato de pasta típica romana sin tener que pagar los desorbitados precios del centro histórico, planifique su día en torno a los lugares de interés y sitios donde comer en el Trastevere: un antiguo barrio de artesanos e inmigrantes que ha conservado su encanto bohemio. Al cruzar el río Tíber, las calles empedradas, adornadas con enredaderas y flanqueadas por pintorescas tiendas, le robarán el corazón–, y probablemente también le harán perder el sentido de la orientación. Perderse por aquí es un regalo que propicia descubrimientos encantadores, como algunas de las trattorias más queridas de Roma, por ejemplo.
Si prefiere guiarse por los consejos de los lugareños en vez de por su instinto, siga el ejemplo de los lugareños, que son fieles clientes de Ercoli 1928, por su impecable carbonara, elaborada con pasta tubular mezzemaniche, huevos ecológicos, crujiente guanciale toscano y pecorino romano de sabor intenso. Otro de los favoritos es la Trattoria Da Enzo al 29, conocida por su carbonara con yema de huevo y sus alcachofas en salsa, platos que forman parte de un menú casero y que se sirven en un animado callejón. Si busca un clásico cacio e pepe, la versión cremosa y repleta de pecorino de Roma Sparita’, servida en una cesta crujiente de parmesano, es difícil de superar.
Una ruta gastronómica por Monti
En Monti, donde las trattorias tradicionales conviven con locales más novedosos y modernos, el Coliseo y el Foro romanos atraen a turistas como una bandeja de trapizzini (conos de masa crujiente de pizza rellenos) o pizza al taglio (porciones de pizza) que abren el apetito de los transeúntes. Aunque degustar la comida callejera sobre la marcha es uno de los placeres más duraderos de Roma’, los auténticos sibaritas preferirán sentarse a saborear cada bocado. Además, Monti está repleto de restaurantes que merecen toda su atención.
Como por ejemplo, Colline Emiliane, un local familiar de larga trayectoria situado en Monti, donde la pasta se elabora artesanalmente siguiendo recetas transmitidas de generación en generación. La gastronomía de Emilia-Romagna destaca aquí con platos como los tortellini, unos paquetitos de pasta esponjosos bañados en huevo, rellenos de espinacas y ricota.. En Roma, haga como los romanos y pruebe clásicos por excelencia, como los espaguetis a la carbonara, aderezados con generosas raciones de guanciale en la Taverna Romana. Otra opción para degustar la mejor carbonara de la ciudad , recomendada por la propia Daria, es pedirla en La Carbonara , en la Via Panisperna.
Si busca un toque moderno, le recomendamos que pruebe Oro Bistrot, una creación del famoso chef italiano Natale Giunta, situado en el hotel NH Collection Roma Fori Imperiali. Pida su pasta agnolotto de inspiración romana con rabo de toro, – un plato emblemático de la tradición culinaria romana, o la pasta cavatello de influencia siciliana con ajo, aceite de oliva y erizos de mar. Y no hay mejor manera de rematar la velada que con una copa de vino en el bar o con un cóctel en la azotea, desde donde podrá apreciar unas vistas impresionantes de los lugares más destacados de Monti’.
Testaccio: las delicias del mercado de productores locales
Testaccio es un antiguo barrio obrero que ahora encarna el epicentro de la tradición culinaria romana. El mercado de Testaccio es de visita obligada para adquirir productos de temporada directamente de los productores, junto con apetecibles aperitivos como las crujientes supplì (croquetas rellenas de arroz y mozzarella) y las galletas durascantucci , que duran mucho tiempo y son un excelente regalo para llevar a casa.
Además del mercado, las numerosas trattorias de’ Testaccio también sirven una cocina romana auténtica y sin pretensiones, mientras que sus animados bares y locales nocturnos animan el ambiente hasta bien entrada la noche. Desde el mercado de Testaccio, un enérgico paseo de diez minutos le llevará a laTrattoria Pennestri, un sitio moderno donde comer, famoso por sus mollejas rebozadas en masa dulce, maridadas con una impresionante selección de vinos orgánicos. Como alternativa, pruebe platos clásicos romano-judíos en el histórico Checchino dal 1887.
Restaurantes elegantes en ’Prati
Ubicado cerca del Vaticano, el barrio residencial de Patri, con sus avenidas, elegantes edificios y boutiques de lujo parece un mundo aparte del Trastevere y de Testaccio. A pesar de su ambiente refinado, comer aquí resulta agradablemente sencillo, gracias a una variada oferta de restaurantes modernos.
En L’Arcangelo, una acogedora trattoria moderna regentada por un auténtico embajador de la comida callejera local, tagliatelle con paloma y boletus deshidratadosse convertirá rápidamente en su plato favorito de pasta típica romana. O si busca algo más ligero, opte por el bacalao guisado con ciruelas y frutos secos. En otro de los sitios favoritos de la zona, Flavio Al Velavevodetto Ai Quiriti, los clásicos platos de pasta compiten por llamar la atención con la coda alla vaccinara (guiso de rabo de toro) y otros platos contundentes.
Al estar Prati tan cerca del Vaticano es el punto de partida perfecto para explorar la ciudad, sin las aglomeraciones de los principales centros turísticos. Si desea alojarse en un hotel con vista despejada del Vaticano, le recomendamos el hotel NH Collection Roma Giustiniano; si prefiere tener boutiques de lujo a un paso, opte por el hotel recientemente renovado NH Collection Roma Centro, situado en una avenida arbolada; o si busca un refugio urbano, escápese a la calma de NH Roma Villa Carpegna, situado a las afueras del bullicioso centro.
Y ’no se sorprenda si, tras haber refinado su paladar con la pasta típica romana, se da cuenta de que ya no le gusta lo que antes conocía como «pasta italiana» en su país. Por suerte, con un par de clases de cocina impartidas por un chef local, podrá dominar la cocina italiana y elaborar desde lasañas al horno, hasta los platos romanos y los gnocchi. Aunque quizá no alcance el nivel de maestría de una abuela de la noche a la mañana (o nunca, ’seamos sinceros), sin duda ’podrá dejar boquiabiertos a sus amigos y familiares.
Combine su descubrimiento gastronómico con una estancia de lujo en uno de los hoteles de Minor Hotels en Roma.